Aprender es vital y necesario para la sobrevivencia, nos enseñan a generar herramientas y optimizar los resultados sobre las circunstancias de adaptabilidad al entorno social y afectivo, como lo son el lenguaje, la ética o la moral. Normas con las que el cerebro aprende a ahorrar energía y es recurrente a las mismas rutas de estímulo y es recompensado de igual manera con las asiduas emociones. Las verdades se harán concreciones donde domina el pensamiento neurotípico. En donde se tenderá a la rutina, lo cotidiano, que en el largo periodo
ralentizará y deteriorará el desarrollo del individuo y la profunda conexión de su ser.

El proceso creativo es por excelencia la fuerza migratoria repulsora de origen. El pensamiento divergente se especializa en desaprender para salir del área de confort y optimiza las estrategias a nuevos escenarios posibles e imposibles. Se trata, así, de un ejercicio de fortalecimiento
mental e identitario para el desarrollo de la capacidad creadora, fortaleciendo los pilares del ser autónomo y soberano para generar mejores rutas, circunstancias y oportunidades de expresión, transitando hacia una actualización de nuestra bondad y nobleza de corazón.

Mi obra y vida está dedicada a la formación y guía de la reconciliación de estas polaridades, como escribe sobre mi trabajo Andreas Cruz, “Los fragmentos reordenados de seguridades desechas«.

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