La Verdadera Responsabilidad Afectiva

MÁS ALLÁ DE LAS EXPECTATIVAS DEL CONCEPTO

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Por: Viridiana Rivera Palomares

Es común escuchar a gente opinar que alguien “carece de responsabilidad afectiva” o que dentro de los requisitos que piden para sus nuevos vínculos es el que estos posean dicha cualidad. ¿Pero qué es la responsabilidad afectiva?, ¿Cómo se logra y sobre todo, cómo la identifico en el otro?

La responsabilidad afectiva es un término que ha sido masificado, de tal forma que ha perdido su idea original. En algunos casos
este concepto se ha convertido en el nuevo inquisidor del siglo, una manera de ofender al otro que no participa activamente en el
deseo. Al ser un término relativamente moderno y no ser delimitado académicamente, es probable que su significado se debata. Por
eso es esencial empezar a aclarar lo que NO es responsabilidad afectiva.

A diferencia de lo que muchas publicaciones en internet afirman, la responsabilidad afectiva NO significa hacerse cargo de las
emociones del otro, y NO es lastimar a otra persona con mis actos. Esas afirmaciones generan que la práctica de ser responsablemente
afectivos parezca algo imposible de lograr, puesto que como lo afirma un principio estoico, nunca podremos controlar las respuestas de los demás. Es importante replantearnos lo anterior, ya que en ocasiones ese miedo a dañar o no querer generar ciertas emociones displacenteras en el otro es precisamente lo que nos aleja de ser personas responsablemente afectivas.

Por ejemplo, Juan y María comienzan a salir, después de algunas citas María se da cuenta de que no quiere formalizar con Juan, le parece una buena persona, pero no tiene el deseo de tener una relación de noviazgo con él. María, en lugar de ser clara y decir lo que desea, prefiere omitirlo por temor a lastimar a Juan. Con el paso del tiempo María desaparece sutilmente, durante semanas comienza a no responder mensajes o a cancelar citas. Juan, por su parte, se encuentra confundido, sobre piensa si sus actitudes
fueron o no las adecuadas con María, pero decide no preguntar de forma directa, pues teme parecer intenso o inadecuado. Tanto María como Juan, no se están responsabilizando de sus afectos. María no responde ante la idea de no querer formalizar con Juan, y Juan no responde ante el deseo de saber qué pasó con María. Ambos por estar interpretando el sentir o el pensar del otro. Si bien lo que ambos quieren comunicarse no es agradable, el estar evadiendo el tema solo es prolongar el sufrimiento de una manera innecesaria.

Entonces, ¿qué sí es la responsabilidad afectiva? Consiste en responder ante mis afectos, pero no desde un plano individualista en donde viva dominado por mis pasiones, sino conocer que todo acto que realizo tiene consecuencias y hacerme cargo de ellas, sin culpar al otro de mis decisiones. Es ser consciente de la libertad de elección del otro en el momento en que mis deseos claramente expuestos no sean lo que busca.

En el caso previamente expuesto, la responsabilidad afectiva estaría en el que ambos comuniquen lo que desean del otro, entendiendo que eso puede generar un impacto a favor o en contra de lo que se quiere. Juan, al momento de saber que María no quiere una relación con él, es libre de decidir el no volver a hablarle, pues no desea una amistad. María, al conocer cómo percibe Juan sus actos distantes, es libre de expresar que no está interesada en una relación.

Para ser responsablemente afectivos y no morir en el intento se requieren tres cosas:
conocimiento, comunicación y empatía.

  • Conocimiento de mí mismo, de lo que espero de una amistad o una pareja, de lo que estoy dispuesto a ceder y de lo que no estoy dispuesto a negociar. Ser claro al vincularme con una persona y también saber retirarme cuando lo que la otra persona me ofrece no es lo que busco.

  • Comunicación, compartir lo que deseo y lo que siento/pienso ante el actuar del otro. Sin culparlo por ello, pero haciendo de su conocimiento que son cosas que pueden alterar mis afectos, solicitando cambios en caso de desearlos.

  • Empatía, comprender los afectos del otro ante lo que comunico, no mofarme de ellos o invalidarlos, pero tampoco tomando el lugar del culpable. Por último, y como ingrediente extra, siempre recordar que a veces es un acto de amor más grande decir un “no, gracias” a tiempo, que decir un sí del que no estamos dispuestos a responsabilizarnos.

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