… con una perspectiva diferente

 

Todos los seres humanos estamos expuestos a distintos estímulos que pueden interrumpir a nuestro organismo de mantenerse en equilibrio y en balance para poder vivir una vida sana. Sin duda alguna, la pandemia fue una sopresa que nadie esperaba y mantener un cuerpo sano en este tipo de eventos se vuelve el foco principal.

Se ha visto a lo largo del tiempo que la alimentación modula de manera activa al sistema inmune. Hay ciertos nutrimentos que ayudan al desarrollo y a un correcto funcionamiento del sistema inmunológico, entre ellos destacan la vitamina A, vitamina D, vitamina E, omega 3 y zinc. Éstos participan en la diferenciación y activación de las células capaces de defendernos de una infección. Los antioxidantes también forman una parte importante para neutralizar radicales libres y tienen un potente efecto antiviral, además promueven la reparación de las lesiones al mejorar el microambiente celular, entre ellas destacan el selenio,vitamina C, polifenoles, flavonoides y taninos. Cabe destacar que la alimentación no va a curar la enfermedad, pero puede protegernos de reducir la capacidad del  virus para infectar a las células y por ende la severdidad de la infección por COVID-19.

 

En México el 75.2% de la población mayor de 20 años tiene sobrepeo u obesidad (ENSANUT 2018), en el país, aproximadamente el 40%  de las defunciones reportadas por COVID-19 se han relacionado con obesidad, esta comorbilidad puede generar síntomas y complicaciones más graves, además de que se ha comprobado que las personas con obesidad tienen una disminución de la vitamina D. Esta vitamina juega un papel clave en la maduración de diversas células inmunes, por lo tanto, estos paciente suelen estar inmunodeprimidos y tener mayor riesgo a infectarse.

 

¿Cómo mantener una vida saludable durante el confinamiento?

Una de las mayores complicaciones de la cuarentena es el comer por ansiedad, aburrición, estrés, etc. Normalmente este tipo de “alimentación emocional” se caracteriza por el consumo de alimentos procesados ricos en sodio (sal), azúcar y grasas trans.

 

Un cambio de hábitos consciente puede mejorar el estado de ánimo y una mejor alimentación:

  1. Es indispensable fijarse horarios de trabajo, ejercicio, comida y descanso.
  2. Se debe seguir una rutina de ejercicio físico que coadyuve a disminuir la ansiedad, a disminuir o mantener el peso corporal y controlar los factores de riesgo. Además, se ha demostrado que el hacer ejercicio puede fortalecer el sistema inmunológico.

Se sugiere una rutina mínimo de 30 minutos al día, por lo menos 5 veces a la semana, y que incluya ejercicios de fuerza y flexibilidad.

  1. Es importante que la dieta sea variada con frutas y verduras de distintos colores (5 porciones al día), leguminosas como frijoles, lentejas y garbanzos y cereales de preferencia integrales como avena, pasta y arroz. Un consumo moderado de alimentos de origen animal. Preferir carnes blancas como pollo o pescado y disminuir el consumo de carne roja y evitar embutidos como salchichas, jamón, salami, etc. De preferencia consumir lácteos descremados.
  2. El consumo de frutas y verduras congeladas es una buena opción cuando no se disponga de estos alimentos frescos.

Sazonar los alimentos con hierbas y especias, no sólo contribuye a mejorar el sabor y aroma de los platillos, sino también a reducir el uso de sal.

 

Los cambios de hábitos son ejercicios conscientes de todos los días. ¡Elige una acción simple que puedas hacer diariamente!